LA DESTRUCCIÓN EMBLEMÁTICA DE LA CALLE CALDERÓN DE LA BARCA
Texto extraído de la conferencia-debate realizada en las escaleras de acceso a la Politécnica el día 30/09/06.
La ciudad donde vivimos forma parte de nuestro entorno más próximo y al igual que nuestra casa o nuestro cuerpo debe ser atendida con mucho mimo porque de lo contrario se desordena, desequilibra y pierde su verdadero sentido, el motivo por que se creó para dar cobijo a sus ciudadanos. Tenemos derecho a la ciudad y el deber de cuidarla, la ciudad nos pertenece porque formamos parte de ella y debemos participar activamente en su planificación. Construir la ciudad es tarea todas las personas que viven en ella. Desde urbanismo ciudadano queremos animaros a opinar sobre vuestra ciudad, a pensar como os gustaría vivir en ella. Podemos organizar nuestra ciudad como nuestra casa distribuyendo sus habitaciones, acomodando las estancias, acortando los recorridos, procurándonos bien estar, para hacer más fácil y confortable nuestra vida. Nuestra ciudad disfruta de un entorno magnífico pero debemos cuidarlo y procurar adaptarnos a él como hicieron sus primeros habitantes. La historia nos ayuda a conocer y respetar el pasado sino para aprender y recuperar lo que hay de bueno en él, no podemos borrarlo ni permitir que se destruya el patrimonio porque eso que se pierde nos pertenece a todos y es el legado que debemos dejar a las generaciones venideras, no podemos permitir (en aras del progreso ) que se destruya nuestro herencia cultural. En esta ciudad patrimonio de la humanidad ahora más que nunca debemos reclamar que se amplíe la protección de bienes y edificios. A veces me hago la pregunta ¿para qué sirve los informes del patrimonio si no se respetan? He pronunciado la palabra clave respeto, como ciudadanos debemos tener respeto a las personas, a las casas, al entorno, a nuestra ciudad y a nosotros mismo. Porque todo lo que hagamos por y para nuestra ciudad va a repercutir en nuestro bien estar y en el de todos los que constituimos esta comunidad incluidas las generaciones que vendrán.
La destrucción supone un mal irreparable que no nos podemos permitir, al derribar un edificio perdemos parte de nuestra historia. Pensemos por un momento que pasaría si nuestros antepasados hubiesen destruido el casco antiguo, hoy no podríamos tenerlo.
La ciudad como nuestro cuerpo debe ser cuidada, protegida y arreglada para que disfrute de buena salud para evitar que los parásitos se apoderen de ella y terminen por producirle un mal irreparable.
Estamos en Calderón de la Barca, una de las calles más emblemáticas de esta ciudad, su génesis se produjo como consecuencia de la primera expansión desde la parte alta (casco antiguo) hacia la parte baja, nos estamos remontando hacia finales del XVIII y principios del XIX si mi información es correcta. Creo que por entonces o tal vez más adelante se llamó calle del juego de pelota y ya empezó siendo una calle muy transitada. Su crecimiento lo entiendo como el de un organismo vivo poco a poco y apoyándose unos edificios con otros hasta completar la columna vertebral que constituye la sinuosidad de su orografía.
A lo largo de su historia la calle ha sufrido muchas inclemencias pero tal vez ninguna tan feroz como la de los últimos tiempos y por supuesto tan atroz como la que estamos contemplando diariamente en estos años.
Los ciudadanos saben más de lo que técnicos, constructores y políticos piensan , ellos reconocen cuando las cosas se hacen bien y cuando se salta la barrera de la imprudencia, nunca pensé que la destrucción especulativa podría llegar a tanto y con tan poca vergüenza en el mismo corazón de la ciudad por donde todos pasamos, vemos, juzgamos y comentamos que vergüenza, pero como han podido destruir esto y es cierto no precisamos ver papeles, ni registros, ni archivos para entender que eso no es correcto, por mucho que se justifique.
Cuando todo esto se eleve las seis plantas y comiencen a aparecer casi como por generación espontánea las modernas construcciones ya nadie se acordará de cómo era esta calle y tendremos que recurrir a los archivos para poder suspirar! ah! que bonito era esto, hemos perdido la personalidad de una calle emblemática como en su día se perdió el otro lado de la calle por otra mala gestión y como se rompió el carácter de una calle muy importante carretería donde se destruyeron edificios históricos hoy ya que da poco de todo eso , vamos destruyendo lo poco que nos queda para construir algo nuevo pero peor de lo que teníamos.
No estoy en contra del progreso pero si a favor del respeto a las personas, a los edificios, a las ciudades y su entorno. Todos tenemos derecho a una vivienda digna y a una ciudad saludable que cuide su entorno su patrimonio y por donde da gusto pasear , no puedo evitar remitir el recuerdo del Madrid de los austrias que sería de esas calles si se hubiesen tirado y hubiesen construido otras nuevas, modernas y más altas en su lugar. Me cuesta imaginar un Madrid sin esos edificios porque Cuenca tiene que ser diferente a caso sus ciudadanos no se merecen que los cuiden como a los de la capital.
Debemos de vez en cuando reflexionar sobre estas cosas y no permitir que otras personas decidan por nosotras pedimos la participación ciudadana para frenar los abusos que a nivel urbanístico se están produciendo en nuestras ciudades, porque defender la ciudad es tarea de todas las personas que viven en ella.
Pagamos impuestos, tiramos la basura, cumplimos la normas de convivencia, saludamos a nuestros vecinos, respetamos nuestro entorno y queremos que nuestra ciudad sea un lugar apacible donde merece la pena vivir para ello exigimos participación ciudadana en el diseño de la ciudad queremos que nuestra ciudad se vaya construyendo acorde a las necesidades de sus habitantes, la ciudad es de quien la habita. Desde mi desconocimiento en temas urbanísticos me he atrevido a opinar como una ciudadana más porque quiero denunciar y tratar de impedir que siga reinando la destrucción del patrimonio y la especulación salvaje del suelo para que sigamos hipotecándonos más nosotros, nuestros hijos y hasta nuestros nietos. Creo que es hora de decir basta ya.
Herminia Martínez. Profesora de Escultura en la Facultad de Bellas Artes, Cuenca.